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INICIARSE EN EL SADOMASOQUISMO

Se ha puesto muy de moda lo de azotar y atar. Gracias al exitazo de 50 sombras de Grey, el señor y la señora de la calle están disfrutando, tímidamente, de cuerdas, fustas y antifaces en la intimidad del dormitorio. Pero esta tendencia sexual, el BDSM (acrónimo que se refiere a bondage, dominación, sadismo y masoquismo), es mucho más que lo anterior y es bastante más antiguo que el best seller que nos sirve de excusa para iniciar este texto.

“El BDSM tiene mucho de teatro”, afirma contundente José María Ponce, uno de los primeros directores de cine porno de este país y practicante de esta alternativa al sexo convencional desde hace años (no en vano dirigió la revista Sado-Maso). Y es cierto, esta opción sexual tiene mucho de juego, de parafernalia, de atrezzo aunque, como bien reconoce el antiguo director, “los latigazos, duelen”.

Aunque pueda parecer lo contrario, la relación sadomasoquista es la más democrática de todas las que existen: al fin y al cabo, las dos partes están de acuerdo, siempre, en jugar el rol que desempeñan y todo está pactado de antemano. Y eso, vamos a ser sinceros, no pasa en muchos de los polvos de fin de semana de cualquier pareja.

Para iniciarse en el BDSM, una de las tendencias sexuales más antiguas, lo mejor es conocerse a uno mismo. Si no sabemos lo que nos gusta y lo que no, lo que estaríamos dispuestos a hacer y qué no, difícilmente podremos dejárselo claro al otro. Amo y esclava o dómina y esclavo firman un contrato escrito, que es renovable pero carece de valor jurídico, en el que se establece lo que le gusta al esclavo, lo que no le gusta y lo que no acepta. Además en el BDSM siempre, siempre, hay una palabra de seguridad que no tiene nada que ver con el juego. Es decir, no valen los “muero, me duele, para, etc..”  y que sirve para que el o la que azota entienda que debe parar inmediatamente. Podría ser por ejemplo, pera.

En el caso de la experta entrevistada, Domina Azu, su palabra de seguridad es su verdadero nombre, que prefiere no salga a la luz en este artículo. “Yo no soy una dómina profesional, es decir, no cobro por esto, entiendo que haya gente que lo haga y me parece bien, pero yo lo hago como una parte más de mi sexualidad. Me gusta, pero lo vivo más como poliamor”, comenta esta mujer de 52 años que pudo poner nombre a sus orientaciones sexuales siendo ya bien adulta, en 2005. “Yo soy una hija del franquismo, así que te podrás imaginar que todas estas tendencias sexuales antes se llevaban a cabo en la oscuridad, en el dormitorio y sin saber muy bien lo que era”, comenta.

Hoy ya no hace falta tanto secretismo, aunque la gente que quiera iniciarse en el BDSM o ya lo practica, sigue siendo reacia a salir en medios o a decirlo públicamente: el qué dirán y el que les miren raro tiene mucho que ver.

Azu es sádica y reconoce ser bisexual: “Yo me enamoro de las personas, no de chicos o chicas”, afirma. “Ahora mismo estoy jugando con una chica muy joven que dice amarme mucho”. ¿Es lo mismo ser sumiso que ser esclavo? “No, lo primero que eres es sumi, sumiso. Y esclavo es un paso más allá, en esa fase es el amo el que toma todas las decisiones, supone mayor nivel de entrega”, cuenta.

“Lo que más me piden son azotes y bondage. El bondage, atar, está muy de moda, a mi me gusta mucho porque es casi un arte marcial””

Para introducir a alguien en el BDSM o para saber si lo que le vas a hacer al otro/a le va a gustar o no, los expertos recurren a un amplio catálogo de técnicas que se consensúan. “Yo tengo una playlist de 12 folios conteniendo parafilias y elsumi tiene que valorar lo que más le gusta, lo que no, lo que no estaría dispuesto a hacer nunca, esto supone conocerse muy bien”, admite nuestra entrevistada.

Entre las tendencias sexuales más demandadas, ¿qué es lo que más le piden?: “Azotes y bondage. El bondage, atar, está muy de moda, a  mi me gusta mucho porque es casi un arte marcial”.

Las técnicas de BDSM no se reducen a la genitalidad, de hecho, algunas veces no incluyen lo que habitualmente se consideran prácticas sexuales. “Esto es un juego de mayores, tiene que ser sexual, divertido… Pero es sobre todo, un juego muy mental”, finaliza.